TEXTOS DEL LIBRO: ATLÁNTOV

Federico Spoliansky

Dudar, matracar sobre penurias es propio del bonaerense y del porteño, sean doctos o iletrados; toda charla parece interconsulta. Es difícil contener la duda, la contamos. Rueda como el tambor de un lavarropas, de principio a fin y da capo al infinito no se agota de girar sobre sí. Dudar es un vaivén: sacar la cola o meterla, sacar la lengua y meter púa, guantear, ¿guanteamos? Si contamos nos opinan.

La tramoya de la duda opera en el conurbano y en la CABA. Dalmiro Sáenz dijo: “Dudá solo en voz baja”. Escribo solo en voz baja. Escribir es un vaivén: sacar la cola y meterla, sacar la lengua y meterla, pisar y meter la pata, mano, mula, subir y bajar la capucha. Escribir endeudado mandamás: ¡Sacá pecho! ¡Poné cara! ¡Meté panza! Pecho, cara, panza, pucha; habiendo pucha pongo pucha.

Dalmiro fue mi proxeneta. Voy y vengo en lo que dijo o entendí: “Dudá en un corral de capones. Dudá de un corsario; si va a pata no es corsario ni pirata, es mochilero. Dudá en cualquier embajada. No dejes de escribir ni un día, leé en la trinchera y conocé a Napoleón Tolstói”.





En Capital Federal y alrededores construimos cada día poniendo el cuerpo, tragando el humo del cigarrillo vecino en el andén. “Qué le pasa, qué le pasa a mi camión, qué le pasa, qué le pasa que no arranca”. Estamos fritos desde el levante hasta el acueste. En el tren los vendedores ofrecen lo que venga a base de plástico, inoxidables y extracto de vainilla; los clásicos de la literatura universal, la Guía T de bolsillo. “Y para los que pidieron rodilleras, rodilleras”. Si no existiera tanta oferta nadie necesitaría. “Hoy la cáscara, mañana la manzana”. Si no existiera la oferta, ¿alguien compraría?
“¡Soltá el telefonito, papito. O mandá un a la gorra!”.
En Capital Federal y el conurbano cruzamos calles y avenidas con el semáforo en rojo; si se nos antoja no sacamos boleto para el tren. “Legítima tijera entrego hoy; le corta papel, chapa, cartón. La lleva a la mitad de su valor”. Así es para el escribano, deambulamos desplazados o indocumentados como tantos. Somos aledaños, atlánticos distintos, nos quema el sol rebotado por la medianera.






En Mar del Plata hay perros de a montones. Algunos son abandonados por los vecinos, otros por familias turistas en verano. Curtidos en balnearios, tajeados con puntas de azulejo, duermen en la calle, en los baños de las estaciones de servicio o mientras caminan. Algunos no llegan a las cuatro patas; les falta un pedazo de oreja, de cola. Nacen así o se las tijeretean. Otros tienen los ojos desviados de tanto mirar las olas partir al Atlántico Dulce.
Conocí en Mar del Plata a Verónica Paz. La llaman Vero Paz, Vero.
A Vero Paz la apasionan Silvina Ocampo, Charly García y el cine. Vero Fellinia ha rescatado perros en situación de calle, ha corrido con tripas al cuello, una frente apoyada sobre su frente, churrasco contra churrasco. Se compró con dos aguinaldos una bicicleta con canasto, un celular de alta gama para llamar al 911. En vísperas de feriado un cretino le aflojó el manubrio. Fellinia se acostó en el medio de la avenida Luro, cortó el tránsito hasta que una pareja de mieleros la alcanzó a Zoonosis; tenía una cartuchera llena de hocicos que había encontrado en una bolsa de consorcio. Una madrugada de Navidad pedaleó con una chihuahua parturienta en el canasto. En vano, los cachorros nacieron en la puerta del Casino; los adoptó la suegra de un guardia.
Vero Paz ha cargado ulcerados, rosáceas y percances, como si en lugar de cineasta y profesora hubiese estudiado para enfermera ambulante. Ha puesto en la vida a perros de la calle, los ha ubicado bajo techo y hasta le consiguió trabajo a un cocker para vigilar en el fondo de una taberna baldes con pulpos vivos. Vero Paz salvó perros de los ladridos de otros perros. Un perro que sobrevive es un héroe cercano, no Sarmiento.



Camino hacia el mar. Se escucha cumbia en la rambla. Es más sonora la cumbia que el mar, aunque el mar azote la orilla. Pasan culos sobre piernas; le pesa y propulsa el culo a la pierna, la pierna al que pisa. Llega a ser bailanta cuando un pie se multiplica.




En verano tomo sol, respiro SSSSSSSSS, respiro sssssssss; no es verdad que tomo sol, me guardo bajo un alero, bostezo sin taparme o intentar cerrar la boca. Cuando respiro bostezo, bosteza todo el cuerpo.

 Master in Filmmaking. Licenciado en Psicología.